Malditos ojos negros, me despiertan. Benditos ojos negros, las gotas de llluvias nos saludaban desde afuera y yo me guarecía en tus sabanas blancas. Estábamos en el paraíso ensayando la felicidad. Yo era una niña descubriendo tus marcas, luego era bebe buscando cuidados. Tu aroma jugaba de la mano con mi voz. Acariciabas mis cuerdas vocales al pedirme palabras de amor y me hacías cantar nostalgias en una sola nota.
Pero me despertaron, ojitos negros. Me mareo y no veo. Adiós al calor de la lluvia. Sueños pasajeros: favor de ajustar sus emociones, el viaje esta por terminar.
Todo tiene un límite, ojos negros. Tu música suave y acústica me envenena y me alimenta. Ya no aguanto este desfile a corazón batiente, de calmas lindas, confusiones desafinadas y barquitos que sólo van. Por piedad, ya deja de lloverme en marzo. No me tortures; aparta de mí tus tentaciones verdes, mi condición es amarela. Anulas sin ningún derecho mi amargura, y la boca ya me sabe a agüita del cielo y del frio.
Si no estuviera todo el día aqui, ¡vamos! estoy de acuerdo. Comprende, comprendo. Estas en tu derecho pero al menos cierra la puerta, mi amor. Esto es insoportable no te veo por mi ventana. Compraré otros discos, mi vida. Digamos... algo que no sea tan borroso. Si no me condenara mi estado inmóvil... me levantaría ahora mismo a bailar pegadita a tu pecho, en tus brazos, sentiría tu aliento en mi cuello y te cantaría al oido que "hay menos pececitos nadando en el mar...".
Pero me despertaron, ojitos negros. Me mareo y no veo. Adiós al calor de la lluvia. Sueños pasajeros: favor de ajustar sus emociones, el viaje esta por terminar.
Todo tiene un límite, ojos negros. Tu música suave y acústica me envenena y me alimenta. Ya no aguanto este desfile a corazón batiente, de calmas lindas, confusiones desafinadas y barquitos que sólo van. Por piedad, ya deja de lloverme en marzo. No me tortures; aparta de mí tus tentaciones verdes, mi condición es amarela. Anulas sin ningún derecho mi amargura, y la boca ya me sabe a agüita del cielo y del frio.
Si no estuviera todo el día aqui, ¡vamos! estoy de acuerdo. Comprende, comprendo. Estas en tu derecho pero al menos cierra la puerta, mi amor. Esto es insoportable no te veo por mi ventana. Compraré otros discos, mi vida. Digamos... algo que no sea tan borroso. Si no me condenara mi estado inmóvil... me levantaría ahora mismo a bailar pegadita a tu pecho, en tus brazos, sentiría tu aliento en mi cuello y te cantaría al oido que "hay menos pececitos nadando en el mar...".

"Verde, que te quiero verde.
ResponderEliminarVerde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana"
García Lorca
Me gusta más el original:
ResponderEliminarTentaciones verdes en una situación amarilla
“… pues hay menos pececitos
nadando en el mar que los
besitos que daré a su boca.”
Vinicius de Moraes, Chega de saudade
Maldita Maruxa, me despiertas. Bendita Maruxa, las palmeritas nos saludaban y yo me guarecía de la tormenta en tus bahías. Estábamos ensayando el paraíso. Las hormigas me subían por la espalda y tú las mirabas inocentemente. Yo era Pedro Álvares Cabral, descubriendo tus costas, y luego Magallanes y te circunnavegaba. Acariciabas mis cuerdas vocales y me hacías cantar nostalgias en una nota. Danzamos capoeira sobre tu lunar y mi eclipse.
Pero me despertaste, Maruxa. Me mareo y naufrago. Adiós al Cristo de Guanabara. Elis Regina, agraciada, ruega por nosotros. Sueños pasajeros, favor de ajustar sus emociones que vamos aterrizando en la realidad.
Todo tiene un límite, Maruxa. Tu música brasileira me envenena. Ya no aguanto ese desfi le a corazón batiente, de calmas lindas, argumentaciones desafinadas y barquitos que sólo van. Por piedad, ya deja de lloverme en marzo. No me tortures; aparta de mí tus tentaciones verdes, mi condición es amarela. Anulas sin ningún derecho mi amargura, y la boca ya me sabe a piña y maracuyá.
Si no estuviera yo todo el día aquí, ¡vamos!, estoy de acuerdo. Comprende, comprendo. Estás en tu derecho, pero al menos cierra la puerta, mi amor. Esto es insoportable. Ya cómprate otros discos, mi vida. Digamos… algo que no sea tan alegre. Si no fuera porque no tengo más remedio que estar encadenado a esta maldita cama ortopédica… Si mi estado vegetal no me condenara eternamente… me levantaría ahora mismo a bailar pegadito a tus caderas y te cantaría al oído que “hay menos pececitos en el mar…”.
Este cuento fue publicado originalmente por su autor, Alberto Lara, en La Revista (de El Universal) del 20 de junio de 2005.