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miércoles, 20 de mayo de 2009

Epi-media

Desde el inicio de la funesta crisis sanitaria, tanto los mexicanos como el resto de la comunidad internacional, fueron testigos de un episodio digno de un cuento de ciencia ficción. Debido a la ignorancia tanto del comportamiento como de la naturaleza del virus triple cepa (porcina, aviar y humana) AH1N1, por parte de las autoridades sanitarias, la alarma fue sonada desencadenando una inaudita “pandemia mexicana”.
Durante la contingencia los mexicanos estuvimos irrevocablemente a merced de los medios y del deplorable modelo de comunicador de nuestro secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos. La extenuante guerra de cifras que se desató el 23 de abril produjo una mareada de especulaciones e información mediática contradictoria, en la que aparecían cifras tan alarmantes como incongruentes; dirigentes que ocultaban números y fechas, así como un conteo misterioso de muertos anónimos.
Una ciudad atemorizada fue inundada por cubre bocas azules para luego convertirse en un pueblo fantasma. No obstante, existían los incrédulos, quienes aseguraban una maquinación nacional e internacional para distraer la atención logrando conquistar el mundo por medio de la industria farmacéutica (entre otras teorías). A su vez, la amplia cobertura mediática mexicana de la crisis sanitaria, alarmante y estigmatizante, consiguió contagiar paulatinamente a los medios extranjeros.
En medio del terror y la comunicación más virulenta que podíamos imaginar, los mexicanos comenzamos a realizar que pagábamos el precio de la dependencia sino es que bancarrota del sistema de salud en México. La reducción de presupuestos destinados a la investigación y creación científica por parte de los dirigentes de nuestro país, confirmaba la crónica de una epidemia anunciada.
Irónicamente, muchos de los pilares de la sociedad moderna, han construido el camino de una de sus más grandes amenazas, la epidemia. Dentro de un contexto de globalización donde los flujos se multiplican, los capitales se intercambian, los productos se transportan y la información se transmite de manera indiscriminada; los microbios también, siguen evolucionando.
Sólo queda preguntar si no resultó ser más virulenta que el mismo virus AH1N1, la crisis económica agudizada, la ruina del turismo, el daño de relaciones diplomáticas o la irreversible crisis de confianza.