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Malabarismos, temPeramento veRbAL, alegorÍas mEtafÍsicas, silabeos, triptongos sOnoros, congujaCiones NOVA , comEdias esdrÚjulas, melodÍas novA, mOnosilÁbicas MIRABILis

lunes, 1 de junio de 2009

“El espíritu de la era“

Zeitgeist, nos remite a un término que describe el clima cultural e intelectual reinante durante una era determinada.
El documental está integrado por tres partes diferentes, con una profunda interconexión entre ellas. La primera parte, The Greatest Story Ever Told, presenta una versión crítica de las diversas religiones, la segunda parte, All The World’s A Stage, vislumbra una nueva visión del 11 de septiembre y la tercera, Don’t mind the men behind the curtain, atiende al verdadero funcionamiento del sistema financiero.
Este aclamado documental que relaciona por ejemplo, a la religiosidad, el 11 de septiembre y la Reserva Federal Americana, dentro de una compleja red de información dudosa, resulta impresionante en todos los aspectos: documentación, exposición, claridad y contenidos.
Se trata de un producto de distribución exclusiva por internet, de manera gratuita, pero disponible en algunos países ya en DVD, donde se busca alentar al público a medios alternativos de información. Una recopilación vertiginosa de investigaciones de gran utilidad, que se convierte en una gran herramienta contra el sometimiento y esclavitud impuestos por la desinformación.
Se invita al espectador a replantear su concepción histórica, proyectando una nueva luz sobre los hechos; así, se reconstruye el presente y sus implicaciones a futuro. En realidad se cuestiona cada aspecto fundamental de los pilares de la sociedad moderna; donde en un contexto de globalización, se logra observar la implantación de modelos o sistemas a favor de cierto grupo hegemónico.
Las reflexiones y método lógico se vuelven más sólidos, al transcurrir el filme, y lo que es mejor, se promueve el liberarse de cualquier tipo de dogma o conocimiento metódico. Se propone un punto de vista amplio e informado que contrarresta la ignorancia imperante, propiciada por el sistema. Sin embargo, nuestra obligación individual es cuestionar y abstraer nuestras propias conclusiones, extrapolando esfuerzos concretos con propuestas sostenibles hacia un verdadero cambio.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Epi-media

Desde el inicio de la funesta crisis sanitaria, tanto los mexicanos como el resto de la comunidad internacional, fueron testigos de un episodio digno de un cuento de ciencia ficción. Debido a la ignorancia tanto del comportamiento como de la naturaleza del virus triple cepa (porcina, aviar y humana) AH1N1, por parte de las autoridades sanitarias, la alarma fue sonada desencadenando una inaudita “pandemia mexicana”.
Durante la contingencia los mexicanos estuvimos irrevocablemente a merced de los medios y del deplorable modelo de comunicador de nuestro secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos. La extenuante guerra de cifras que se desató el 23 de abril produjo una mareada de especulaciones e información mediática contradictoria, en la que aparecían cifras tan alarmantes como incongruentes; dirigentes que ocultaban números y fechas, así como un conteo misterioso de muertos anónimos.
Una ciudad atemorizada fue inundada por cubre bocas azules para luego convertirse en un pueblo fantasma. No obstante, existían los incrédulos, quienes aseguraban una maquinación nacional e internacional para distraer la atención logrando conquistar el mundo por medio de la industria farmacéutica (entre otras teorías). A su vez, la amplia cobertura mediática mexicana de la crisis sanitaria, alarmante y estigmatizante, consiguió contagiar paulatinamente a los medios extranjeros.
En medio del terror y la comunicación más virulenta que podíamos imaginar, los mexicanos comenzamos a realizar que pagábamos el precio de la dependencia sino es que bancarrota del sistema de salud en México. La reducción de presupuestos destinados a la investigación y creación científica por parte de los dirigentes de nuestro país, confirmaba la crónica de una epidemia anunciada.
Irónicamente, muchos de los pilares de la sociedad moderna, han construido el camino de una de sus más grandes amenazas, la epidemia. Dentro de un contexto de globalización donde los flujos se multiplican, los capitales se intercambian, los productos se transportan y la información se transmite de manera indiscriminada; los microbios también, siguen evolucionando.
Sólo queda preguntar si no resultó ser más virulenta que el mismo virus AH1N1, la crisis económica agudizada, la ruina del turismo, el daño de relaciones diplomáticas o la irreversible crisis de confianza.

lunes, 20 de abril de 2009

Discursos consonantes

El oficio periodístico parte de un principio comunicativo manifestado en la palabra escrita. El lenguaje, la ortografía, el buen uso de la lengua y una impecable redacción, son elementos mínimos que, casi por instinto, fluyen de las plumas del escritor. Un estilo propio, la firma o sello de un escrito es irremplazable en la memoria de un ferviente lector. Ejemplos simples, de la importancia de todos los elementos de la línea de trabajo señalado por el mundo de las letras. La expresión es infinita.
27 letras, en total, conforman nuestro más preciado código; de las cuales sólo cinco son vocales. Ante una minoría vocal, las consonantes deben asumir el control, formando así una infinidad de palabras, uniéndolas entre sí, consolidando un universo de mensajes orales y escritos. La unión de ciertas letras, la exclusión o inclusión de algunas otras, a capricho del escritor, representan sólo algunas de las posibilidades reconfortantes de la capacidad del lenguaje. El seguir cada consonante, el oírla resonante en lo profundo de nuestra conciencia lingüística, es un dote único y exclusivo al ser humano, poseedor excepcional del logos.

La puntuación entre lineas

Mi relación personal con la puntuación ha estado íntimamente ligada con el amor. Mi primer carta de amor mal escrita y maltrecha me permitió gozar de la ausencia total de puntuación, cediéndome la libre interpretación del significado que quisiese de sus confesiones escritas; sin puntos suspensivos que siempre tienen algo más que decir, sin paréntesis que parecen estar fuera de contexto y sin puntos o comas que interrumpen y desconciertan la fluidez y rapidez de mi recorrido entre los laberintos de letras. La siguiente peripecia con los signos puntadores la relaciono con el colegio. Una vez dentro del santuario escolástico, todo parecía cobrar aun más y mayor sentido, sobre todo si aquel joven que me atraía afirmaba que un verdadero escritor sabía utilizar el punto y coma. Así que comencé una carrera frenética en todos mis escritos, para lograr acumular la mayor cantidad de estos signos.
En alguna otra ocasión, me enamore de un poeta, para el cual, el uso de los signos de puntuación debía ser el mínimo, evitando fracturar la base misma del texto. Así que punto y coma, dos puntos y paréntesis quedaron proscritos de mi escritura durante un par de años. Algunos otros amantes se jactaban de ser intelectuales así que academice mis textos, reconciliándome con las comillas y notas al pie de página, para bien citar. Para aquellos que no eran lectores, optaba por simplificar las cosas evitando frases largas adjetivadas y malabarismos delirantes.
Sin jamás revelar, la difícil relación que forjé con la escritura, seguí en el amor y el desamor, comprendiendo al fin que es difícil leer entre líneas, y aún más escribirlo.

viernes, 17 de abril de 2009

"Pues hay menos pecesitos nadando en el mar que los besitos que daré a tu boca"

Malditos ojos negros, me despiertan. Benditos ojos negros, las gotas de llluvias nos saludaban desde afuera y yo me guarecía en tus sabanas blancas. Estábamos en el paraíso ensayando la felicidad. Yo era una niña descubriendo tus marcas, luego era bebe buscando cuidados. Tu aroma jugaba de la mano con mi voz. Acariciabas mis cuerdas vocales al pedirme palabras de amor y me hacías cantar nostalgias en una sola nota.

Pero me despertaron, ojitos negros. Me mareo y no veo. Adiós al calor de la lluvia. Sueños pasajeros: favor de ajustar sus emociones, el viaje esta por terminar.

Todo tiene un límite, ojos negros. Tu música suave y acústica me envenena y me alimenta. Ya no aguanto este desfile a corazón batiente, de calmas lindas, confusiones desafinadas y barquitos que sólo van. Por piedad, ya deja de lloverme en marzo. No me tortures; aparta de mí tus tentaciones verdes, mi condición es amarela. Anulas sin ningún derecho mi amargura, y la boca ya me sabe a agüita del cielo y del frio.

Si no estuviera todo el día aqui, ¡vamos! estoy de acuerdo. Comprende, comprendo. Estas en tu derecho pero al menos cierra la puerta, mi amor. Esto es insoportable no te veo por mi ventana. Compraré otros discos, mi vida. Digamos... algo que no sea tan borroso. Si no me condenara mi estado inmóvil... me levantaría ahora mismo a bailar pegadita a tu pecho, en tus brazos, sentiría tu aliento en mi cuello y te cantaría al oido que "hay menos pececitos nadando en el mar...".

Mexicano en salsa verde

La cocina de la imaginación, especias y aromas combinada con la sazón de la sencillez y la sorpresa, nos dan como resultado al mexicano. Se trata de un platillo muy popular para todo tipo de ocasiones. Los ingredientes varían mucho según la región de la república, pero el método común, heredado de los prehispánicos, tiene un indudable encanto.
Los ingredientes son: 1 kilo de perseverancia, 1 kilo de valentía, 1 taza de alegría, 8 hojas de calidez, 2 manojitos de candidez, 1 cebolla blanca de esperanza, 1 oreja de orgullo, 3 chiles verdes en rodajas de honradez, 1/2 cucharadita de sueños, 3/4 de taza de acervo cultural, 5 dientes asados de valor y 1 pizca de aliento.
Sin duda alguna es una receta espectacular, de ejecución algo compleja pero digna de ser aprendida. La preparación del platillo ha sido perfeccionada a lo largo de varios siglos, para lograr unas sutiles variaciones de sabores. Para obtener la salsa adecuada se deben mezclar todos los ingredientes, dejar bañarse en su propio jugo, rectificar la sazón y mantener a fuego lento. Finalmente se obtiene un resultado único en su especie, un mexicano lleno de vida, moral, alegría y respeto.
Lo que resulta aún más sorprendente es la manera en que la tradición perdura a través de los años, dentro y fuera de los límites geográficos de nuestra nación. Este platillo esplendido se presenta de muchas maneras con una variedad de nuevas creaciones. Sin embargo, la combinación exacta de todos estos ingredientes resulta en lo mejor de nuestro país: mexicanos de corazón.
No obstante, existen varias complicaciones en la preparación de este platillo. La falta de un ingrediente clave puede dar un producto aparatoso y de mal sabor. Si no se sabe la receta a la perfección o no se prepara de la manera adecuada, tenemos platillos desalentados, solitarios, tristes y agrios. También existe la posibilidad de encontrarse con mexicanos corruptos, engañosos y ácidos, si no se logra una buena sazón. Es un gran disgusto probar platillos de tal calidad o incluso tener que tolerarlos, día a día.
Por otra parte, en muchas ocasiones el mal sabor no se explica por falta de preparación o ingredientes, sino por engaños y obstáculos al momento de servir. Dichas dificultades son muy frecuentes y difíciles de detectar. Por lo tanto si se logra enfrentar a las adversidades de manera honrada y honesta, se deleitará aún más el ser mexicano.

lunes, 9 de marzo de 2009

¿Miedo a las tildes?

No es lo mismo “méndigo” que “mendigo”. No es lo mismo decir “el público llegó puntual”, a decir “él llegó y publicó puntual”. Porque la vocal que sigue a la A es más fuerte que la U. Porque las palabras cargan la voz en su silaba tónica. Porque la tilde es más que un guión oblicuo sobre alguna vocal. Por estas y muchas razones más, yo le temía a la acentuación. Escuchaba hablar de palabras graves y no comprendía por qué la gravedad del asunto. Incluso con el tono de voz más alto que alcanzara no percibía a las palabras agudas. Palabras graciosas como diptongo, sobresdrújula e hiato, solían atormentar y plagar mis cuadernos de primaria.
Sin embargo, ya no temo más a las tildes. Entiendo que su labor es noble y necesaria. Se trata del verdadero guardián del sentido de las palabras. Para evitar que las palabras se pierdan y se confundan entre sí una vez plasmadas en papel, el lápiz debe marcar a algunas de ellas y mostrar así su verdadero significado. Sin lugar alguno para excusas, la belleza de una lengua tan rica como la nuestra debe salvaguardarse en todo momento. Por lo cual resulta punible el hecho de que nuevas tecnologías contribuyan a la mutación y neutralización de las reglas gramaticales. Los usuarios de estas tecnologías suelen trasladar sus malos hábitos en el lenguaje a todos los ámbitos, lo cual conlleva consecuencias inimaginables.