La cocina de la imaginación, especias y aromas combinada con la sazón de la sencillez y la sorpresa, nos dan como resultado al mexicano. Se trata de un platillo muy popular para todo tipo de ocasiones. Los ingredientes varían mucho según la región de la república, pero el método común, heredado de los prehispánicos, tiene un indudable encanto.
Los ingredientes son: 1 kilo de perseverancia, 1 kilo de valentía, 1 taza de alegría, 8 hojas de calidez, 2 manojitos de candidez, 1 cebolla blanca de esperanza, 1 oreja de orgullo, 3 chiles verdes en rodajas de honradez, 1/2 cucharadita de sueños, 3/4 de taza de acervo cultural, 5 dientes asados de valor y 1 pizca de aliento.
Sin duda alguna es una receta espectacular, de ejecución algo compleja pero digna de ser aprendida. La preparación del platillo ha sido perfeccionada a lo largo de varios siglos, para lograr unas sutiles variaciones de sabores. Para obtener la salsa adecuada se deben mezclar todos los ingredientes, dejar bañarse en su propio jugo, rectificar la sazón y mantener a fuego lento. Finalmente se obtiene un resultado único en su especie, un mexicano lleno de vida, moral, alegría y respeto.
Lo que resulta aún más sorprendente es la manera en que la tradición perdura a través de los años, dentro y fuera de los límites geográficos de nuestra nación. Este platillo esplendido se presenta de muchas maneras con una variedad de nuevas creaciones. Sin embargo, la combinación exacta de todos estos ingredientes resulta en lo mejor de nuestro país: mexicanos de corazón.
No obstante, existen varias complicaciones en la preparación de este platillo. La falta de un ingrediente clave puede dar un producto aparatoso y de mal sabor. Si no se sabe la receta a la perfección o no se prepara de la manera adecuada, tenemos platillos desalentados, solitarios, tristes y agrios. También existe la posibilidad de encontrarse con mexicanos corruptos, engañosos y ácidos, si no se logra una buena sazón. Es un gran disgusto probar platillos de tal calidad o incluso tener que tolerarlos, día a día.
Por otra parte, en muchas ocasiones el mal sabor no se explica por falta de preparación o ingredientes, sino por engaños y obstáculos al momento de servir. Dichas dificultades son muy frecuentes y difíciles de detectar. Por lo tanto si se logra enfrentar a las adversidades de manera honrada y honesta, se deleitará aún más el ser mexicano.
Los ingredientes son: 1 kilo de perseverancia, 1 kilo de valentía, 1 taza de alegría, 8 hojas de calidez, 2 manojitos de candidez, 1 cebolla blanca de esperanza, 1 oreja de orgullo, 3 chiles verdes en rodajas de honradez, 1/2 cucharadita de sueños, 3/4 de taza de acervo cultural, 5 dientes asados de valor y 1 pizca de aliento.
Sin duda alguna es una receta espectacular, de ejecución algo compleja pero digna de ser aprendida. La preparación del platillo ha sido perfeccionada a lo largo de varios siglos, para lograr unas sutiles variaciones de sabores. Para obtener la salsa adecuada se deben mezclar todos los ingredientes, dejar bañarse en su propio jugo, rectificar la sazón y mantener a fuego lento. Finalmente se obtiene un resultado único en su especie, un mexicano lleno de vida, moral, alegría y respeto.
Lo que resulta aún más sorprendente es la manera en que la tradición perdura a través de los años, dentro y fuera de los límites geográficos de nuestra nación. Este platillo esplendido se presenta de muchas maneras con una variedad de nuevas creaciones. Sin embargo, la combinación exacta de todos estos ingredientes resulta en lo mejor de nuestro país: mexicanos de corazón.
No obstante, existen varias complicaciones en la preparación de este platillo. La falta de un ingrediente clave puede dar un producto aparatoso y de mal sabor. Si no se sabe la receta a la perfección o no se prepara de la manera adecuada, tenemos platillos desalentados, solitarios, tristes y agrios. También existe la posibilidad de encontrarse con mexicanos corruptos, engañosos y ácidos, si no se logra una buena sazón. Es un gran disgusto probar platillos de tal calidad o incluso tener que tolerarlos, día a día.
Por otra parte, en muchas ocasiones el mal sabor no se explica por falta de preparación o ingredientes, sino por engaños y obstáculos al momento de servir. Dichas dificultades son muy frecuentes y difíciles de detectar. Por lo tanto si se logra enfrentar a las adversidades de manera honrada y honesta, se deleitará aún más el ser mexicano.

Yo le añadiría: 1 litro de orgullo nacionalista, 3 pedazos de conservadurismo en perfecto estado de congelación, 100 ml de aceite de mito, 1 cabello de juárez y 3 indios crudos. La mezcla del mexicano si que es como la de la salsa verde: Sin sabor, pero bien que duele. Y pues esque ese es el esplendor del chile: no tiene ningún sabor en particular pero qué bien se siente el curarnos de ese martirio.
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