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Malabarismos, temPeramento veRbAL, alegorÍas mEtafÍsicas, silabeos, triptongos sOnoros, congujaCiones NOVA , comEdias esdrÚjulas, melodÍas novA, mOnosilÁbicas MIRABILis

lunes, 20 de abril de 2009

Discursos consonantes

El oficio periodístico parte de un principio comunicativo manifestado en la palabra escrita. El lenguaje, la ortografía, el buen uso de la lengua y una impecable redacción, son elementos mínimos que, casi por instinto, fluyen de las plumas del escritor. Un estilo propio, la firma o sello de un escrito es irremplazable en la memoria de un ferviente lector. Ejemplos simples, de la importancia de todos los elementos de la línea de trabajo señalado por el mundo de las letras. La expresión es infinita.
27 letras, en total, conforman nuestro más preciado código; de las cuales sólo cinco son vocales. Ante una minoría vocal, las consonantes deben asumir el control, formando así una infinidad de palabras, uniéndolas entre sí, consolidando un universo de mensajes orales y escritos. La unión de ciertas letras, la exclusión o inclusión de algunas otras, a capricho del escritor, representan sólo algunas de las posibilidades reconfortantes de la capacidad del lenguaje. El seguir cada consonante, el oírla resonante en lo profundo de nuestra conciencia lingüística, es un dote único y exclusivo al ser humano, poseedor excepcional del logos.

La puntuación entre lineas

Mi relación personal con la puntuación ha estado íntimamente ligada con el amor. Mi primer carta de amor mal escrita y maltrecha me permitió gozar de la ausencia total de puntuación, cediéndome la libre interpretación del significado que quisiese de sus confesiones escritas; sin puntos suspensivos que siempre tienen algo más que decir, sin paréntesis que parecen estar fuera de contexto y sin puntos o comas que interrumpen y desconciertan la fluidez y rapidez de mi recorrido entre los laberintos de letras. La siguiente peripecia con los signos puntadores la relaciono con el colegio. Una vez dentro del santuario escolástico, todo parecía cobrar aun más y mayor sentido, sobre todo si aquel joven que me atraía afirmaba que un verdadero escritor sabía utilizar el punto y coma. Así que comencé una carrera frenética en todos mis escritos, para lograr acumular la mayor cantidad de estos signos.
En alguna otra ocasión, me enamore de un poeta, para el cual, el uso de los signos de puntuación debía ser el mínimo, evitando fracturar la base misma del texto. Así que punto y coma, dos puntos y paréntesis quedaron proscritos de mi escritura durante un par de años. Algunos otros amantes se jactaban de ser intelectuales así que academice mis textos, reconciliándome con las comillas y notas al pie de página, para bien citar. Para aquellos que no eran lectores, optaba por simplificar las cosas evitando frases largas adjetivadas y malabarismos delirantes.
Sin jamás revelar, la difícil relación que forjé con la escritura, seguí en el amor y el desamor, comprendiendo al fin que es difícil leer entre líneas, y aún más escribirlo.

viernes, 17 de abril de 2009

"Pues hay menos pecesitos nadando en el mar que los besitos que daré a tu boca"

Malditos ojos negros, me despiertan. Benditos ojos negros, las gotas de llluvias nos saludaban desde afuera y yo me guarecía en tus sabanas blancas. Estábamos en el paraíso ensayando la felicidad. Yo era una niña descubriendo tus marcas, luego era bebe buscando cuidados. Tu aroma jugaba de la mano con mi voz. Acariciabas mis cuerdas vocales al pedirme palabras de amor y me hacías cantar nostalgias en una sola nota.

Pero me despertaron, ojitos negros. Me mareo y no veo. Adiós al calor de la lluvia. Sueños pasajeros: favor de ajustar sus emociones, el viaje esta por terminar.

Todo tiene un límite, ojos negros. Tu música suave y acústica me envenena y me alimenta. Ya no aguanto este desfile a corazón batiente, de calmas lindas, confusiones desafinadas y barquitos que sólo van. Por piedad, ya deja de lloverme en marzo. No me tortures; aparta de mí tus tentaciones verdes, mi condición es amarela. Anulas sin ningún derecho mi amargura, y la boca ya me sabe a agüita del cielo y del frio.

Si no estuviera todo el día aqui, ¡vamos! estoy de acuerdo. Comprende, comprendo. Estas en tu derecho pero al menos cierra la puerta, mi amor. Esto es insoportable no te veo por mi ventana. Compraré otros discos, mi vida. Digamos... algo que no sea tan borroso. Si no me condenara mi estado inmóvil... me levantaría ahora mismo a bailar pegadita a tu pecho, en tus brazos, sentiría tu aliento en mi cuello y te cantaría al oido que "hay menos pececitos nadando en el mar...".

Mexicano en salsa verde

La cocina de la imaginación, especias y aromas combinada con la sazón de la sencillez y la sorpresa, nos dan como resultado al mexicano. Se trata de un platillo muy popular para todo tipo de ocasiones. Los ingredientes varían mucho según la región de la república, pero el método común, heredado de los prehispánicos, tiene un indudable encanto.
Los ingredientes son: 1 kilo de perseverancia, 1 kilo de valentía, 1 taza de alegría, 8 hojas de calidez, 2 manojitos de candidez, 1 cebolla blanca de esperanza, 1 oreja de orgullo, 3 chiles verdes en rodajas de honradez, 1/2 cucharadita de sueños, 3/4 de taza de acervo cultural, 5 dientes asados de valor y 1 pizca de aliento.
Sin duda alguna es una receta espectacular, de ejecución algo compleja pero digna de ser aprendida. La preparación del platillo ha sido perfeccionada a lo largo de varios siglos, para lograr unas sutiles variaciones de sabores. Para obtener la salsa adecuada se deben mezclar todos los ingredientes, dejar bañarse en su propio jugo, rectificar la sazón y mantener a fuego lento. Finalmente se obtiene un resultado único en su especie, un mexicano lleno de vida, moral, alegría y respeto.
Lo que resulta aún más sorprendente es la manera en que la tradición perdura a través de los años, dentro y fuera de los límites geográficos de nuestra nación. Este platillo esplendido se presenta de muchas maneras con una variedad de nuevas creaciones. Sin embargo, la combinación exacta de todos estos ingredientes resulta en lo mejor de nuestro país: mexicanos de corazón.
No obstante, existen varias complicaciones en la preparación de este platillo. La falta de un ingrediente clave puede dar un producto aparatoso y de mal sabor. Si no se sabe la receta a la perfección o no se prepara de la manera adecuada, tenemos platillos desalentados, solitarios, tristes y agrios. También existe la posibilidad de encontrarse con mexicanos corruptos, engañosos y ácidos, si no se logra una buena sazón. Es un gran disgusto probar platillos de tal calidad o incluso tener que tolerarlos, día a día.
Por otra parte, en muchas ocasiones el mal sabor no se explica por falta de preparación o ingredientes, sino por engaños y obstáculos al momento de servir. Dichas dificultades son muy frecuentes y difíciles de detectar. Por lo tanto si se logra enfrentar a las adversidades de manera honrada y honesta, se deleitará aún más el ser mexicano.