Mi relación personal con la puntuación ha estado íntimamente ligada con el amor. Mi primer carta de amor mal escrita y maltrecha me permitió gozar de la ausencia total de puntuación, cediéndome la libre interpretación del significado que quisiese de sus confesiones escritas; sin puntos suspensivos que siempre tienen algo más que decir, sin paréntesis que parecen estar fuera de contexto y sin puntos o comas que interrumpen y desconciertan la fluidez y rapidez de mi recorrido entre los laberintos de letras. La siguiente peripecia con los signos puntadores la relaciono con el colegio. Una vez dentro del santuario escolástico, todo parecía cobrar aun más y mayor sentido, sobre todo si aquel joven que me atraía afirmaba que un verdadero escritor sabía utilizar el punto y coma. Así que comencé una carrera frenética en todos mis escritos, para lograr acumular la mayor cantidad de estos signos.
En alguna otra ocasión, me enamore de un poeta, para el cual, el uso de los signos de puntuación debía ser el mínimo, evitando fracturar la base misma del texto. Así que punto y coma, dos puntos y paréntesis quedaron proscritos de mi escritura durante un par de años. Algunos otros amantes se jactaban de ser intelectuales así que academice mis textos, reconciliándome con las comillas y notas al pie de página, para bien citar. Para aquellos que no eran lectores, optaba por simplificar las cosas evitando frases largas adjetivadas y malabarismos delirantes.
Sin jamás revelar, la difícil relación que forjé con la escritura, seguí en el amor y el desamor, comprendiendo al fin que es difícil leer entre líneas, y aún más escribirlo.
En alguna otra ocasión, me enamore de un poeta, para el cual, el uso de los signos de puntuación debía ser el mínimo, evitando fracturar la base misma del texto. Así que punto y coma, dos puntos y paréntesis quedaron proscritos de mi escritura durante un par de años. Algunos otros amantes se jactaban de ser intelectuales así que academice mis textos, reconciliándome con las comillas y notas al pie de página, para bien citar. Para aquellos que no eran lectores, optaba por simplificar las cosas evitando frases largas adjetivadas y malabarismos delirantes.
Sin jamás revelar, la difícil relación que forjé con la escritura, seguí en el amor y el desamor, comprendiendo al fin que es difícil leer entre líneas, y aún más escribirlo.

Agrega una constelación de puntos más a tu historia.
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Es en clave morse la letra v
Es en política la victoria.
Es en música la quinta de beethoven
Es en escritura la respiración de la memoria.
Es en habla el silencio de lo que nunca se podrá decir.
Los puntos son marcas; cicatriz del lenguaje.